“El compromiso entre la comunidad científica y la sociedad” por Jesús Ávila

Jesús Ávila 2

Este texto de Jesús Ávila apareció originalmente en el número 7 de la revista CIC Network (2010) y lo reproducimos en su integridad por su interés.

Se me ha solicitado mi punto de vista sobre qué es lo que la comunidad científica debe de dar o retornar a la sociedad que la mantiene. Para ello comentaré tres conceptos; compromiso, comunidad científica y sociedad. Comenzaré, en sentido inverso, por la sociedad.

La sociedad

Aunque en sentido estricto se sobreentiende como sociedad el ente que da los recursos a la comunidad científica para que desarrolle su actividad, el concepto de sociedad como receptora de los beneficios de la aplicación de los conocimientos científicos es mucho más amplia, sobre todo en un mundo globalizado como el actual, en donde el conocimiento rápidamente se comunica y las transacciones, excepto en una minoría de países, están muy liberalizadas. Es obvio que el uso de antibióticos no está restringido a una determinada población de determinada raza, género, ideas políticas o religiosas… sino que los beneficios de un descubrimiento científico que se haya realizado en Estados Unidos llegan a la India, más aún, como se ha indicado, con la tremenda mejora de las vías de comunicación. Sin embargo, el beneficio de un conocimiento científico repercute en diferente proporción en diferentes tipos de sociedades, y esto sí puede depender de circunstancias diferentes. Es obvio que hay países que promueven la investigación científica y que incluso importan investigadores de otros entornos.

Es en estas comunidades donde los conocimientos se permeabilizan en la población más fácilmente. Por otra parte, se requiere que la población de una determinada sociedad tenga o quiera recibir dichos conocimientos. No sirve de nada mejorar una técnica de transfusión de sangre si, por motivos religiosos, no se puede recibir dicha transfusión, o buscar la fecundidad por técnicas de fertilización in vitro, si las creencias personales están en contra de dichas técnicas. Así pues, en sociedades o comunidades con culturas diferentes, hay que establecer si se quiere desarrollar la ciencia no. La respuesta a esta pregunta, en comunidades democráticas, se suele dar por lo que opina la mayoría, aunque lo que suele suceder en comunidades democráticas con bajo nivel cultural es que se ignora, o no se le da ninguna importancia, a la ciencia, a la que a veces se le considera como un lujo innecesario. La consecuencia de esa opinión es que dicha sociedad no se beneficia totalmente de lo que la ciencia puede aportarla.

La comunidad científica

El término comunidad científica es también muy extenso, por lo que en este caso me referiré a la integrada por científicos experimentales, al ser sus descubrimientos los más aplicables para beneficio de la sociedad y, por otra parte, ser dichos descubrimientos susceptibles de ser medidos con unidades concretas, por lo que si los descubrimientos son la consecuencia de experimentos bien realizados pueden ser reproducidos en diferentes lugares, siempre que se tengan en cuenta los controles correspondientes. Por otra parte, el realizar experimentos no es una actividad gratuita y depende de recursos materiales en forma de material fungible o inventariable, de infraestructuras determinadas y de salarios para las diferentes personas que desarrollan el trabajo científico. Estos recursos son los que pone la sociedad representada por instituciones públicas de ámbito local, regional, nacional, continental o por instituciones privadas. Las instituciones públicas buscan (o debieran buscar) obtener beneficios para su población en general, mientras las instituciones privadas además buscan un beneficio para ellas mismas. Estos beneficios los tienen que generar los científicos que, en caso de ser beneficiarios de ayudas públicas, retornan sus descubrimientos mediante publicaciones (en donde los describen) que, potencialmente, pueden llegar a los diferentes lugares del planeta, mientras que el retorno de beneficios para instituciones privadas suele pasar previamente por la patente del hallazgo que pueda favorecer su posterior aplicación y comercialización. Así la relación sociedad-comunidad científica se basa en que primero la sociedad aporta los recursos para que los científicos trabajen y, posteriormente, que dicho trabajo aporte beneficios de conocimiento y/o económicos a la sociedad. El compromiso no será eficaz si la sociedad no da los recursos suficientes o si el científico no da ningún retorno de su trabajo que beneficie a la sociedad.

Procedencia del científico

Aunque pueden existir otras procedencias, lo más común es que los científicos procedan de instituciones cuyo único objetivo sea investigar para obtener conocimientos básicos, como son los organismos públicos de investigación o las universidades. Aparte de trabajar para obtener estos conocimientos es importante que los transmitan a las nuevas generaciones, lo cual sucede en las Universidades o en otros Centros públicos docentes. En el caso de la investigación con subvención privada es necesario buscar no solo conocimientos sino también beneficios económicos para las industrias o compañías privadas que pagan la investigación. Las distintas procedencias de los científicos indican diferentes compromisos con la(s) sociedad(es). Así pues, en el ámbito académico, es muy importante que la divulgación del conocimiento sea lo más eficiente posible, pues ello beneficia a aquellos miembros de la sociedad que buscan obtener un mejor conocimiento científico. Esta divulgación no debe de detenerse en el último escalón, la universidad, sino que ésta debe de extenderse a institutos y otras instituciones de enseñanzas menos sofisticadas que las universidades, hasta llegar a la sociedad en general, buscando en ello un aumento de su cultura científica, que le pueda beneficiar. En un país como Estados Unidos este proceso se facilita, por ejemplo, por la existencia de revistas como la titulada Scientific American.

Dentro de la Investigación, por grupos o equipos, pueden crearse escuelas en las que se produzca una continuidad en la investigación de áreas determinadas por personas que continúan trabajando en los mismos lugares donde se han formado. Este hecho tiene tanto aspectos positivos como negativos. Entre los primeros está el hecho de que un maestro puede educar a un discípulo de tal manera que acabe superándole (esto produce el progreso). Sin embargo, si la relación afectiva (que no tiene por qué ser mala) prima sobre la científica (es decir si el discípulo no es muy bueno, pero es amable) puede producirse una endogamia perniciosa para la misma sociedad. Este hecho ha sido tradicionalmente objeto de debate, aunque a nivel de anécdota está el hecho de que para optar a una plaza de profesor en Harvard se requiere haber obtenido antes alguna titulación en dicha universidad, como garantía de que se ha obtenido una formación correcta.

En lo que se refiere a cómo trabajan los investigadores de organismos públicos o de instituciones privadas con ánimo de lucro, su labor es algo diferente ya que los investigadores de instituciones privadas buscan más rápidamente la aplicación del descubrimiento, quizás profundizando menos. Este hecho tiene también sus aspectos positivos y negativos, pues no siempre es bueno correr, ya que como decía Mario Moreno «Cantinflas», «no se nos retrase pero tampoco se nos adelante». La aplicación eficiente de un descubrimiento lleva su tiempo si se hace bien. Un ejemplo es la secuenciación del genoma humano que se realizó más rápidamente, pero con muchos más errores, por la vía privada que por la vía pública. Por otra parte, la correcta aplicación de los primeros descubrimientos en áreas como la Biología Molecular (años cincuenta del siglo pasado) empezaron a tener una aplicación –Biotecnología– treinta años más tarde.

Requerimientos de un científico para cumplir su compromiso con la sociedad

D. Santiago Ramón y Cajal en su discurso de ingreso a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales sugirió una serie de normas que tendría que tener un científico para llevar a cabo su trabajo. Muchas de estas normas, algunas de orden ético, tienen vigencia hoy en día pero, además, el científico debe de mostrar otras características. En general no es fácil ser científico (no confundir ir todos los días a un centro científico para fichar, con ser científico). El científico debe de conocer al menos dos idiomas, el relacionado con su área de investigación y la lengua inglesa para comunicarse con sus pares de otras procedencias. Al científico no le basta la observación y el cálculo sino que necesita poseer una serie de conocimientos que debe de demostrar publicando y tras someterse a una evaluación prácticamente a lo largo de toda su vida laboral. Además, necesita buscar por sí mismo el dinero con el cual llevar a cabo su investigación y, en algunos casos, para poder pagar su propio salario. Debe de conocer, a veces diseñar, los aparatos que va a utilizar en sus experimentos y, sobre todo, debe de tener una paciencia y una moral inasequibles al desaliento, pues no es fácil hacer descubrimientos. Es decir, debe de tener una gran vocación.

Científicos con adjetivos

Aunque D. Santiago Ramón y Cajal no adjetivó a los científicos, en la actualidad esto se suele hacer. Así pues, tenemos científicos básicos, aplicados, clínicos, etc… Estas calificaciones a veces indican una segunda personalidad del científico que puede desmerecer el oficio de científico en sí. Sin embargo, puede ser más preocupante cuando los adjetivos son mediático-estrella, político, gestor, omnipresente… Algunas veces se acumulan los adjetivos y el científico estrella puede ser omnipresente estando afiliado a diferentes laboratorios en diferentes países a la vez, emulando el don de la bilocación de Sor María Jesús de Agreda. Puede haber casos excepcionales en el que un buen científico puede estar (por motivos razonados y razonables) en más de una localización, pero, desgraciadamente, empieza a adoptarse de un modo general y frívolo, por muchas personas, la costumbre de estar en varios sitios a la vez. En muchos de estos casos, los científicos no tienden a servir a la sociedad, sino a servirse de ella para sus propios intereses individuales, llegando a primar su soberbia sobre su inteligencia.

En estos casos, el compromiso científico-sociedad no funciona como es debido. Además, algunos intentos de mejora de la relación ciencia-sociedad han fracasado por el excesivo individualismo insolidario de algunos científicos que han antepuesto sus intereses personales al bien de la sociedad. Afortunadamente, en nuestra comunidad científica tenemos a científicos que podemos adjetivar como excelentes, discretos y generosos que sirven de un gran manera a la sociedad. En la otra parte, las autoridades de la sociedad actúan a veces con cierta racanería y desconocimiento en su interacción con los científicos. Aunque afortunadamente ha habido buenos gestores, no han abundado.

Requerimiento que debe de pedirle la sociedad a la comunidad científica

Posiblemente el más importante es que el científico le dé a la sociedad los datos más novedosos y rigurosos que pueda. No es rentable repetir lo que ya se conoce bien, por muy rigurosa que se haga la repetición, o tampoco es rentable dar datos totalmente originales pero difíciles de reproducir. Esto es lo primero que debe de pedirle la sociedad. Sin embargo, la sociedad, sobre todo en situaciones conflictivas, presiona para obtener respuestas más rápidas, obviando a veces la ética. En esas situaciones la ciencia deja de ser universal para ponerse al lado de uno u otro.

En estas circunstancias o en otras, la asesoría del científico (generalmente a través de instituciones como las Academias) a la sociedad (o mejor dicho al gobierno de la sociedad) no es fácil, pues al hablar de hechos y no de opiniones los científicos pueden decir algo que a los políticos no les guste escuchar. Algo similar puede ocurrir cuando se discute entre gobernantes y científicos sobre la aplicación de la ciencia.

Ciencia básica, ciencia aplicada

Algo con los que los dirigentes de una sociedad no suelen estar de acuerdo con la comunidad científica es en la mayor valoración de la ciencia básica sobre la ciencia aplicada. Ha existido siempre una discusión sobre si hay que diferenciar entre ciencia básica o ciencia aplicada y si hay que promover la segunda sobre la primera. Alguien sabio comentó que solo hay una ciencia, la que aporta nuevos conocimientos que a posteriori puedan aplicarse. También se ha comentado que hay que conocer profundamente la base científica para una correcta aplicación. La ciencia casi puede hacer milagros (véase, como ejemplo, la existencia de teléfonos, radios, televisores, internet… que han cambiado el mundo) pero para ello se requiere del tiempo y del conocimiento necesarios, así como de recursos económicos. Resulta difícil combatir el cáncer si no se sabe bien en qué consiste el cáncer y no se dispone de medios para hacerlo.

Cabe recordar como ejemplo sobre la valoración de la ciencia y de su aplicación lo que reportó Vitruvio que había hecho Arquímedes. Tras el enunciado de su teorema, mucha gente pensó que lo que había dicho Arquímedes era poco más que anecdótico y sin mucha importancia, sin embargo, como indicó Vitruvio, la simple aplicación de su teorema le permitió a Arquímedes distinguir la proporción de plata y oro que había en una corona, permitiéndole conocer cuál sería el precio justo de dicho objeto. En este caso anecdótico, como en muchos otros, lo importante era el conocimiento básico de Arquímedes. Un ejemplo más reciente puede ser el de cómo los físicos básicos aplicaron el concepto de fisión nuclear para tener un nuevo tipo de energía utilizable.

El caso de un científico trabajando para una entidad privada es diferente, pues un requerimiento esencial es, como se ha comentado, aplicar lo más rápidamente un descubrimiento para aportar lo más rápidamente beneficios a la empresa.

Bases de compromiso sociedad-comunidad científica

La sociedad, a través de sus dirigentes, debe de establecer una relación de confianza mutua con la comunidad científica. Por su parte lo dirigentes de la sociedad deben de cumplir con el aporte de las subvenciones requeridas para hacer el trabajo, mientras los científicos deben de responsabilizarse para trabajar del modo más eficiente. Cuando alguna de las partes falta a su parte del compromiso la eficiencia del proceso, incluso lo realizado hasta el momento de la falta de cumplimiento, puede quedar muy dañado. Puede no ser fácil mantener un compromiso durante el largo tiempo que requiere un trabajo científico, pero es absolutamente necesario para realizarlo eficientemente.

Resumen

En mi opinión, el compromiso de los científicos con la sociedad pública es el de aportarles nuevos conocimientos que puedan mejorar, en un plazo determinado, la calidad de vida de los integrantes de la sociedad. En el caso de los compromisos con sociedades privadas, éstas deben de beneficiarse de un modo directo, beneficios que no tienen que coincidir con los del conjunto de la sociedad, aunque si las cosas van bien, al final, más o menos directamente, la sociedad en general se beneficiará por lo aportado por instituciones privadas.

Jesús Ávila

Jesús Ávila de Grado se doctoró en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid. Después de estudiar en la UCM, Ávila realizó una estancia en los Institutos Nacionales de Salud norteamericanos (NIH) en Maryland. Posteriormente ya se incorporó como investigador en el CSIC-UAM, centro del que ha sido su director en dos ocasiones. Ávila ha recibido numerosos premios y distinciones por su tarea científica, entre los cuales destacan el Premio Lilly de Investigación, el Premio de la Comunidad de Madrid y el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal. Su trabajo se centra en cómo las proteínas microtubulares llegan a determinar tanto la forma neuronal como su implicación en procesos neurodegenerativos. Desde 1987 es profesor de investigación del CSIC.

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por CIC Network


3 responses to ““El compromiso entre la comunidad científica y la sociedad” por Jesús Ávila

  • delnadir (@delnadir)

    Buen artículo. Solo un “pero”, el segundo apellido de Jesús Ávila no es Berciano, sino “de Grado”

  • Yusnelkis

    Me parece muy buen artículo. Una manera sencilla de explicar el complejo contrato entre ciencia y sociedad. Indiscutiblemente cada vez la sociedad demanda más de la ciencia y la ciencia ha de estar más comprometida, este debería ser y esta siendo ya en muchos contextos el principal criterio no sólo de asignación de fondos para la investigación sino criterio también de evaluación del resultado e impacto de la investigación. Un saludo.

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