Colombo y el ojo biónico

Fotograma de la serie Columbo (Colombo en España) (1974) | Wikimedia Commons

Fotograma de la serie Columbo (Colombo en España) (1974) | Wikimedia Commons

La serie “Colombo” trata del trabajo de un detective de homicidios del Departamento de Policía de Los Ángeles. Se dice que popularizó la historia detectivesca inversa porque casi todos los episodios comienzan mostrando un crimen y a su perpetrador y la trama se va desenvolviendo según Colombo va acorralando al criminal con sus preguntas e interrogatorios hasta que finalmente le atrapa y detiene. El teniente Colombo –cuando le preguntan su nombre de pila responde que es “teniente”- es modesto y no tiene mayores ambiciones pero se fija cuidadosamente en todos los detalles y tiene una intensa dedicación a su trabajo de investigador. En su larga trayectoria, “Colombo” tuvo directores como Steven Spielberg o Ben Gazzara, guionistas como Steven Bochco, compositores como Henry Mancini o actores invitados como Ricardo Montalbán, Leonard Nimoy o Johnny Cash. La serie recibió numerosos premios y homenajes incluyendo 13 premios Emmy, dos Globos de oro y dos premios Edgar. El teniente Colombo fue elegido el nº 7 en un listado de los mejores personajes televisivos de todos los tiempos.

El personaje fue interpretado por distintos actores desde 1960 a 2003 pero sin duda el Colombo más famoso es Peter Falk, que lo dio vida durante 35 años (1968-2003). Eso sí, a pesar de los éxitos del policía, uno por semana, siguió siendo teniente toda su carrera. El Colombo de Peter Falk es un policía atípico, desaliñado, parlanchín, amable, educado y habitualmente minusvalorado por los delincuentes de clase social alta con los que tiene que lidiar. Colombo hace preguntas siguiendo un hilo aparentemente sin importancia y haciendo sentir al culpable una cierta tranquilidad. No presiona y a menudo da las gracias al interrogado y se despide, para, en el último momento, girarse y, como si recordara algo súbitamente, realizar una pregunta mucho más seria y determinante, lo que algunos denominan “la salida falsa”. Muchos de estos culpables son ricos y poderosos que tratan con arrogancia al modesto policía de origen italoamericano, le amenazan con sus contactos políticos, con quejarse a sus superiores o incluso con echarle del cuerpo y muestran su malestar con lo que ellos denominan molestias injustificadas.

El atrezzo del teniente Colombo, incluida su famosa gabardina, eran del propio Peter Falk, que añadió a los guiones toda una serie de “cosas de Colombo” como buscar en el bolsillo cualquier prueba y sacar una lista de la compra, pedir prestado continuamente un lapicero o distraerse con cualquier objeto irrelevante en la vivienda del sospechoso. También les hacía perder la paciencia con alguna de sus frases como “Solo una cosa más”, “Mi esposa dice…” o “Hay algo que me preocupa”. Tenía un coche extraño en Estados Unidos, un Peugeot 403 descapotable en el que llevaba una radio de la policía. El coche tenía tan mal aspecto que Peugeot decidió regalarle uno nuevo para intentar mejorar la imagen de la marca.

Peter Falk como Frank Columbo (Colombo en España) | Wikimedia Commons

Peter Falk como Frank Columbo (Colombo en España) | Wikimedia Commons

La extraña mirada de Colombo se debía a que Peter Falk tenía un ojo de cristal en su órbita derecha. Durante 25 años no se supo si el personaje tenía la misma prótesis pero en un episodio de 1977, Colombo le pide a otra persona reconstruir juntos la escena de un crimen bromeando “Sabes, tres ojos son mejor que uno”.

Los ojos de cristal o prótesis oculares tienen la forma de una concha convexa y están normalmente construidos con un plástico acrílico de alta calidad. Unos pocos están hechos con cristal de criolita y hay algunos que se pueden colocar sobre un globo ocular y se denominan conchas esclerales.

La prótesis ocular más antigua que se conoce tiene unos 5.000 años de antigüedad y se encontró en el yacimiento arqueológico de Shahr-I Sokhta, en el sudeste Irán, en Sistán. Tiene forma hemiesférica y un diámetro de solo 2,5 centímetros. Está hecha de un material muy ligero, probablemente pasta bituminosa. La superficie está cubierta con una delgada lámina de oro, grabada con un círculo central, representando un iris del que parten líneas doradas como los rayos del sol. En las zonas laterales hay perforados pequeños agujeros por donde pasaría un hilo para mantener la prótesis en su sitio. En la antigüedad clásica, romanos y egipcios usaban prótesis confeccionadas con cerámica pintada y que se situaban por fuera de la órbita ocular. Las primeras prótesis intraorbitales estaban hechas de oro y esmalte de color, materiales que fueron posteriormente sustituidos por el cristal. Fabricarlas fue una especialidad de los venecianos hasta finales del siglo XVIII donde los parisinos se hicieron con el negocio. Posteriormente fueron los alemanes los mayores artistas de estas prótesis y tras la II Guerra Mundial fueron empresas norteamericanas las que dominaron el mercado.

Mesa de trabajo de un artesano fabricante de ojos de cristal. | Wikimedia Commons

Mesa de trabajo de un artesano fabricante de ojos de cristal. | Wikimedia Commons

En los últimos años se han diseñado y fabricado una serie de prótesis oculares que sustituyen con ventaja a los ojos de cristal como el usado por el teniente Colombo y se denominan ojos biónicos o prótesis retinales. Las personas con retinosis pigmentaria o degeneración macular pierden los fotorreceptores pero los circuitos neuronales que llevan la información visual están intactos. No hay cura para estas patologías. La causa de estos trastornos puede ser por una enfermedad, por ejemplo una infección viral mientras que en otros casos, es un problema causado por el envejecmiento.

Mark Humayun del Instituto Oftalmológico Doheny construyó una prótesis de ojo con la diferencia que aportaba funcionalidad. Es decir, no iba dirigida a un problema puramente estético sino a recuperar algo de visión. Para que esta prótesis funcione el paciente debe tener al menos una parte de las células ganglionares todavía funcionales. Estas neuronas llevan la información visual desde los receptores de la retina hasta la corteza occipital a través del nervio óptico. Los pacientes usan unas gafas que tiene una cámara en miniatura que transmite video inalámbricamente a un pequeño ordenador, del tamaño de un teléfono móvil, que la persona lleva en el bolsillo. La cámara también puede situarse en la punta de un dedo o sobre la frente. El ordenador procesa la información de la cámara, la codifica y la transmite inalámbricamente también de vuelta a las gafas donde hay una pantalla LED de infrarrojos. La pantalla proyecta esos infrarrojos sobre un chip que está colocado bajo la retina de un ojo y actúa como un fotodiodo. Cuando los electrodos del chip son estimulados por los infrarrojos de la pantalla entran en contacto directo con las células ganglionares y las estimulan eléctricamente, al igual que sucede entre los fotorreceptores y las células ganglionares en una retina normal.  Si las células ganglionares o los nervios ópticos están dañados se puede pensar en el sistema de visión Monash, un diseño de la universidad de este nombre ubicada en Melbourne y que intenta repetir el éxito australiano con los implantes cocleares. En este caso el procesador digital manda directamente las imágenes a un chip situado bajo la nuca, en la zona de la corteza visual.

El primer desarrollo de ojo biónico se llamó Argus 16, puesto que tenía 16 electrodos y se implantó en seis pacientes con retinosis pigmentaria entre 2002 y 2004. Cada uno de los 16 electrodos del implante podía estimular de 20 a 30 células ganglionares que a su vez, trasladaban esa información a través del nervio óptico hasta la corteza visual. Uno de esos pacientes consiguió ver algo por primera vez tras medio siglo de ceguera. El ojo biónico les permitía distinguir si las luces estaban encendidas o apagadas, describir el movimiento de un objeto, contar un número de ítems, así como localizar y diferenciar entre los objetos básicos de un lugar determinado (habitación, paisaje). Todo el sistema funciona en tiempo real lo que es algo importantísimo para que sea cómodo y eficaz. De los seis, cinco siguen usando sus prótesis retinianas diez años después. Uno de los pacientes comentaba así su experiencia tras probar una de estas prótesis “Puedo entrar en cualquier habitación y ver la luz que entra por la ventana. Cuando camino por la calle puedo evitar una rama baja o cruzar una zona con mucho tráfico”. Y eso era con los modelos más simples.

La siguiente generación de ojos biónicos se denominó Argus II y estaban diseñados con 60 electrodos que se podían controlar de forma independiente y que proporcionaban imágenes cerebrales de mayor resolución. El tamaño del Argus II era una cuarta parte que el del Argus 16 y era mucho más fácil de implantar quirúrgicamente sobre la retina. El único fabricante era la empresa Second Sight pero el proyecto se apoyó con un grupo de socios entre los que estaban los laboratorios nacionales del Ministerio de Energía de Estados Unidos, tres universidades y esta empresa. Los 60 electrodos daban una imagen pixelada pero mucho más rica que en el modelo de la generación anterior.

La tercera generación está diseñada, en un esfuerzo de miniaturización, para alcanzar los 1.000 electrodos. Eso permitiría una información con un detalle impensable en la actualidad. Además, el sistema Monash permite información de colores y actúa como un radar para la persona ciega. Los sistemas pueden irse perfeccionando y como todo sistema informático incorporar nuevos programas y nuevas prestaciones con relativa facilidad. Los ojos biónicos tenían la desventaja de que su resolución era baja por lo que no valía para descifrar letras o palabras. Lo que se ha hecho es diseñar un programa que traduce las letras normales a letras en Braille y luego esa información se pasa directamente a la corteza visual. Puesto que se trata de pasar la matriz de letras de Braille (3 x 2) a la matriz de la prótesis (10 x 6) la conversión era sencilla y se generaba un patrón que se distingue con facilidad. Hasta ese momento con la prótesis normal una persona era capaz de identificar una letra en diez segundos o más. Con la nueva incorporación del codificador a Braille, el ritmo era ya de una letra por segundo. Las personas que han usado esta versión modificada del implante piensan que no puede reemplazar, al menos en su estado actual, a los textos en braille pero puede ser útil para leer nombres de calles o señales de tráfico, cosas que no se pueden leer normalmente empleando el tacto. También se ha añadido software de reconocimiento de rostros para facilitar la identificación de personas o una aplicación especial para facilitar el uso de escaleras. Las posibilidades informáticas como las que se abrirán con las gafas de Google nos permitirán probablemente darle órdenes a la cámara, integrar mucho mejor el sistema y abrirlo a nuevas funcionalidades.

Antes de su fallecimiento Peter Falk intentó volver a interpretar al teniente Colombo. Eligió incluso un guión pero ese mismo año fue diagnosticado de demencia. Dos años más tarde, en un juicio sobre su tutela, el médico que le atendía declaró que Falk no recordaba haber interpretado a un personaje llamado Colombo ni sabía quién era ese policía. Murió dos años más tarde, el 23 de junio de 2011, a la edad de 83 años. Dejó un recuerdo amable en mucha gente con aquel policía humilde y respetuoso y su peculiar sentido del humor. Una vez cuando alguien le piropeaba sobre su inteligencia dijo “mi mujer dice que soy el segundo más listo. También comenta que hay unos ochenta tíos empatados en el primer puesto”. A pesar de su aspecto desastrado y tono despistado, Colombo era culto y tenía buen gusto además de una aguda inteligencia práctica. Con ella conseguía enredar al criminal, conseguir pruebas suficientes y arrestarlo sin posibilidad de escapatoria. No hay duda de que Colombo tenía “buen ojo”. 

Para leer más:

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Este post ha sido realizado por José Ramón Alonso (@jralonso3) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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