Aviones de papel, ciborgs y qualia

Los hermanos Wright lo consiguieron; para muchos era completamente imposible, pero arriesgándose, y con ideas bien fundamentadas, acabaron regalando al hombre algo con lo que sólo se había atrevido a soñar. No fueron los únicos en arriesgarse, por supuesto, previamente muchos otros se habían estrellado estrepitosamente montados en esperpénticas bicicletas aladas, o habían perdido la vida agitando con fuerza unas inocentes (e inútiles) alas gigantes. Pero tanto los Wright como aquellos que fracasaron eran minoría; la mayoría eran los que miraban sentados desde la distancia, esperando que otros asumiesen el riesgo. Tal como decía nuestro ilustre Ramón y Cajal “las ranas croan en su charca al ver volar a los pájaros”

Esta es una historia que se ha repetido en el tiempo, y seguirá haciéndolo. El progreso suele depender de aquellos que son capaces de innovar afrontando riesgos, motivados a veces por el bien común, pero generalmente más por la curiosidad y la superación personal. La ciencia, la tecnología, el arte, la música, la arquitectura, y un amplio etcétera, se ven impulsados por acciones concretas de personas concretas.

Neil Harbisson puede ser una de estas personas. De padre irlandés y madre española, nació con acromatopsia (incapacidad para distinguir los colores), algo que no le impidió estudiar arte. Se preguntaba por qué los colores son tan importantes en nuestro mundo; comenzó con el dibujo y acabó después estudiando también música.

Cuando tenía 20 años, motivado más por la curiosidad que por sus limitaciones sociales, desarrolló (con la ayuda de un amigo) un dispositivo cibernético que colocado en su cabeza le permitía oír los colores, lo llamaron el Eyeborg.

Este artilugio en sus inicios constaba de una cámara de vídeo colocada sobre su frente, conectada a un ordenador de 5 kilos que colgaba de su espalda; el sistema transducía los colores a sonidos (cámara-auriculares). Con el tiempo, el Eyeborg se fue perfeccionándo, reduciéndose el peso y experimentando con la forma en la que los auriculares proporcionaban a Neil los sonidos. Actualmente el Eyeborg es una cámara colocada a modo de antena sobre el ojo derecho de Neil, y el ordenador se ha reducido a un chip diminuto colocado en su nuca, a tan alta presión, que ya son innecesarios los auriculares: puede oír los colores a través del hueso.

Neil aprendió a relacionar cada color con un tono auditivo diferente; el Eyeborg utilizaba el círculo cromático para la clasificación de los colores, de forma que cada uno de ellos se convertía en un tipo diferente de “pitido” constante. Con el tiempo aprendió a asociar cada sonido a un color, o mejor dicho, al nombre que le habían dicho que tenía cada color.

Inicialmente esto le supuso muchos problemas. Debía disociar los pitidos del Eyeborg de su sentido natural del oído. Le dolía la cabeza, y se sentía mareado constantemente, pero con el paso del tiempo su cerebro se habituó a ello. Poco a poco fue capaz de mantener una conversación y de oír los colores al mismo tiempo, y fue capaz de entender por fin por qué los colores son tan importantes para el resto de la gente.

Una noche, al despertar, fue consciente de que en sus sueños de acromatópsico, el cielo le sonaba azul, ¡tal como habría ocurrido al mirarlo con su Eyeborg encendido! Neil se dio cuenta de que había desarrollado un nuevo sentido. Pero no todo era perfecto; para él el sonido de espera del teléfono era verde (y el teléfono, por error, también se lo parecía), la nevera era azul, e incluso la música comenzaba a evocarle colores. Se abría un mundo completamente nuevo para él, por descubrir.

Una vez aprendió a distinguir 360 colores del espectro, decidió ir un paso más allá; si el ojo humano está limitado por las barreras del infrarrojo y del ultravioleta, ¿por qué no superar esa barrera? Sustituyó entonces el sistema basado en el círculo cromático y utilizó otro mucho más objetivo, una transposición de frecuencias de luz a frecuencias sonoras, añadiéndo así a su espectro el ultravioleta y el infrarrojo. Ahora, como él suele contar en sus charlas, sabe si es recomendable o no tomar el sol con solo mirar al cielo (ultravioleta), si están encendidos o no los detectores de movimiento de un establecimiento cualquiera, o si alguien le está apuntando con el mando de la tele (infrarrojo).

En el 2004, con el artefacto recién implantado, tuvo que renovar su pasaporte británico, pero no se lo permitieron, pues no se puede aparecer en la fotografía con dispositivo electrónico alguno. Después de varias cartas enviadas por su médico a la embajada consiguió que aceptasen el Eyeborg como parte de su persona; esto convirtió a Neil Harbisson en el primer ciborg reconocido por un estado.

Neil está convencido de que el transhumanismo ciborg no es una promesa tecnológica del futuro, sino que ya pertenece al presente, que en años venideros más y más presonas van a dejar de usar la tecnología como herramienta y van a comenzar a implementarla en sus cuerpos. Eso es lo que preconiza su asociación, la “Cyborg Fundation”.


He utilizado el caso de Neil como introductorio, es sólo la superficie de un tema muchísimo más profundo e interesante, el que analiza nuestros sentidos y su naturaleza.

Neil asegura tener un nuevo sentido, uno que le permite percibir estímulos que a la mayor parte de los humanos nos son completamente ajenos. Pero he aquí la parte más interesante y sugestiva: ¿es el suyo realmente un sentido nuevo? y ¿podría llegar a ver realmente colores mediante este sistema? El ciborg utiliza tonos sonoros (a través del cráneo, eso sí) para la interacción Eyeborg-cerebro, pero el sonido pertenece a una experiencia cualitativa, es un quale (qualia en plural) que es distinto a la visión; la interacción puede ser nueva, pero la experiencia bien podría no serlo.

Lo cierto es que aunque Neil sea el primer ciborg reconocido por el gobierno británico, no es la primera persona que amplía sus sentidos haciendo uso de la biónica. El trabajo del neurocientífico Bach-y-Rita es el mejor ejemplo. Paul Bach-y-Rita (1934-2006) fue un pionero en el uso de la tecnología para ampliar los sentidos de aquellas personas que lo precisaban. Desarrolló la tecnología necesaria para que un ciego pudiese distinguir las cartas de una baraja, o pudiese desplazarse sin ayuda por un camino dibujado en el suelo. Una de sus creaciones fue un sistema de sustitución sensorial (término éste que englobaría al Eyeborg), en el que una o varias cámaras transducían la información visual a estímulos táctiles en la lengua. La lengua, repleta de papilas sensoriales, (¡gigantesca en el Homúnculo de Penfield!), es capaz de distinguir las 625 señales distintas que le envía un dispositivo electrónico colocado sobre ella. Estas señales actuando como “pixels”, construyen un dibujo en baja resolución con las imágenes captadas por la cámara.

Pero, como el mismo Bach-y-Rita afirmaba, estos avances tecnológicos no son más que la sofisticación de utensilios y herramientas que se usan desde hace muchos años, como el clásico bastón para invidentes. Cuando un ciego utiliza la punta de su bastón, con un movimiento secuencial en zigzag, realmente está creando un mapa espacial (muy sencillo) de los objetos que se encuentran a su alrededor, y lo hace mediante el sentido del tacto.


Quizás mi ejemplo preferido sea el de Evelyn Glennie, una de las mejores percusionistas del mundo, una autentica virtuosa capaz de tocar casi cualquier instrumento de percusión conocido, pese a la sordera profunda que padece desde los doce años. Es un auténtico ejemplo de superación personal que os invito a descubrir. Incapaz de oír nada, Evelyn aprendió a usar la totalidad de su cuerpo en sustitución del oído.

De todos modos, estos casos no resuelven todas nuestras dudas acerca de qué sienten realmente estas personas al desarrollar estas habilidades. Llegados a este punto lo más fácil es admitir la imposibilidad de descubrirlo nunca (como la eterna pregunta de Thomas Nagel : ¿qué se siente al ser un murciélago?).

Pero, como aquellos arriesgados pilotos de aviones destinados en su mayor parte a estrellarse, no todo el mundo está dispuesto a quedarse de brazos cruzados, hay quien se atreve a arrojarse al vacío, aun a riesgo de perder los dientes en el intento. Alva Noë, filósofo en la Universidad de California, es una de estas personas, él cree que los sentidos dependen más de la información que de los órganos que los hacen posibles.

Su tesis externalista defiende, por ejemplo, que si el utensilio desarrollado por Paul Bach-y-Rita, alcanzase a transmitir a la lengua toda la información que la retina es capaz de captar del exterior, nada distinguiría a efectos prácticos a una persona que viese con los ojos de otra que viese con la lengua. ¡Los ciegos verdaderamente podrían ver con la lengua!

Alva Noë se apoya en los experimentos llevados a cabo por Mriganka Sur, un neurocientífico del MIT, nacido en la India. Se utilizaron hurones recién nacidos, se transfirieron las aferencias neuronales de la vista a la corteza auditiva, es decir, se conectaron los ojos a la zona del cerebro encargada del oído. Cuando los hurones crecieron y se desarrollaron, los investigadores comprobaron no sólo que los hurones veían con normalidad, sino que las regiones cerebrales que debían haber sido auditivas, ahora eran visuales, ¡los ojos las habían transformado!

Realmente vivimos tiempos apasionantes, nos aproximamos con rapidez a la resolución de aquellas preguntas para las que aún no tenemos respuestas: ¿De qué forma nos pueden afectar los nuevos avances tecnológicos? ¿Podremos desarrollar auténticos nuevos sentidos? ¿Sabremos incluso algún día qué se siente siendo un murciélago?

Sobre el autor: Antonio José Osuna Mascaró es investigador predoctoral en paleontología en la Universidad de Granada y autor de “El error del pavo inglés” 


5 responses to “Aviones de papel, ciborgs y qualia

  • Jose Ramon Marcaida

    Muy interesante el post, enhorabuena! En relación con el tema, dejo el enlace a una charla reciente del artista Stelarc, otro de los pioneros en el tema ciborg y la experimentación con el cuerpo y los sentidos (eg. sus proyectos del “tercer brazo” o la “tercera oreja”)

    La charla es más una exposición de sus proyectos a lo largo de los años que una reflexión crítica sobre ellos, pero creo que encaja bien con alguna de las ideas discutidas en el post.

  • Tay

    Gracias José Ramón!

    El trabajo de Stelarc no creo que deje a nadie inidiferente, algo que supongo que gustará a todo artista. Me ha gustado ver como en el minuto 42 +o- ha enseñado la oreja que tiene en el brazo, y una chica ha salido corriendo (literalmenete), creo que la entiendo y la comprendo : )

  • Manu

    Hola Tay (Antonio José).

    Creo que nuestro amigo común Manuel Fontoira Lombos (Manolo o Espoc, para los amigos) tendría su propia explicación para este tema.

    Es evidente que los sentidos sólo son grupos de células (órganos) especializadas en transducir determinados tipos de energía del exterior en potenciales de acción, para que otras células recreen “la realidad” en aras a la supervivencia del organismo del que forman parte.

    Como tú mismo explicas muy bien en tu libro: “El error del pavo inglés”, cada organismo vivo somos el resultado de una serie de avatares evolutivos que nos han hecho ser como somos, ni más ni menos. Aunque el funcionamiento básico de serie biene a ser muy similar, por supuesto.

    Así tenemos una serie de sentidos mas o menos similares y una circuitería interna bastante parecida en cuanto a su organización espacial y sí, vemos y sentimos y oímos en base a esa “circuitería interna” que recrea “la realidad” en base a los trenes de potenciales de acción que se mueven de un lado a otro y no es necesario que los sentidos estén transduciendo información de forma contínua para ello. De hecho vemos con los ojos cerrados y oimos cosas imaginarias, yo creo que contínuamente, pero especialmente en los sueños, por ejemplo.

    Somos máquinas muy sofisticadas, pero máquinas al fin de al cabo.

    Saludos desde Bilbao ;-D

  • Manu

    ¡Uy!, alguna conexión no me ha funcionado muy fina en el texto anterior. He puesto “viene” con “b”, ¿seré vurro?…

    Perdón.

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